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lunes, 29 de abril de 2013

Que Sí, Que Vales Para Vender



Hace un par de meses me escribió un alumno del último taller que di en Cursos Visión: "Eloísa, durante el taller, mientras te escuchaba, de verdad que llegué a pensar que a lo mejor yo valía para vender. Que no, Eloísa, que todo sigue igual. Soy una negada".

Mara dijo en el taller que ella se quedaba en blanco delante del cliente, que en cuanto le ponía le menor objeción o le decía "no necesito nada", la dejaba tan escurrida que ya no sabía por dónde continuar. 

Es muy frecuente entre los vendedores que comienzan, ser prisioneros del miedo escénico que representa la imagen y las palabras de los clientes, pero, como todo, después del periodo de aprendizaje, de novatadas y de conocimiento extenso del producto por parte del vendedor, ese miedo tiene que desaparecer porque, entre otras cosas, no hay razón para ello. 

El cliente tiene todas las respuestas que nosotros necesitamos y las que no, también las tiene, pero es bueno que lo veamos como un ejercicio más de nuestra profesión; tenemos que pasar con buena nota la fase de los noes del cliente y por supuesto, de su falta de interés por el producto que nosotros le mostramos. 

No hay que dar importancia a la indiferencia del cliente, simplemente aceptarla como parte de la escena que nos ha tocado representar con él.

Eso es lo que dije a Mara, y alguna cosa más que añado:

Por favor, no bajes la vista, mantén la mirada, procura no exteriorizar la frustración que sientes y sonríe.

Cree que puedes y podrás. Para romper la barrera de la indiferencia o el desinterés, necesitas creer firmemente en ti.

Tu trabajo es de calidad extra, repítelo con frecuencia y muéstraselo al cliente.

Los productos que has elegido vender son los que te han parecido más convenientes para el cliente. Díselo, hazle partícipe de tu interés por conseguir los mejores resultados para que él, ella, se sientan más jóvenes, más guapos, más felices. 

Que el cliente pruebe es fundamental para fidelizarlo.

Ya sabes, mientras hablas, mantén la mirada en la del cliente, sin altanería, como ofreciéndole esa puerta a tu interior. El cliente lo apreciará y seguro que te da la oportunidad de informarle sobre ese producto tan afín a su piel, a su cabello, a su manera de ser o sentir. 

En el fondo, todos, como clientes, necesitamos oír esa frase que nos convenza para decir "lo quiero, lo quiero"

Seguro que a ti también te pasa cuando ejerces de cliente, ¿a que sí?

Mara ha comenzado a vender y yo me siento realmente satisfecha. 

Semana de puente largo, a ver si acompaña el tiempo. Hasta la próxima. 


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